viernes, 25 de enero de 2013

Cambios en el peso


Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 3 No. 65 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, viernes 25 de enero de 2013.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G.


Muchas personas se preocupan por que sienten que pierden peso y otras por ganancia de peso.  Esto son situaciones frecuentes en la consulta médica cotidiana.  Ante todo debemos tener claro algunos conceptos:

  • Delgadez: Peso inferior al parámetro, establecido y aceptado como normal en una población determinada (menor de 18.5 de índice de masa corporal).
  • Adelgazamiento: Pérdida de peso.
  • Caquexia: Es el grado extremo de adelgazamiento al que se adicionan síntomas de anemia y debilidad.
  • Obesidad: Es el aumento de peso a expensas del tejido adiposo.  Se define a una persona cuando su índice de masa corporal es igual y mayor de 30.
Convencionalmente se acepta como importante desde el punto de vista clínico toda ganancia o pérdida de peso de más del 7% del peso corporal.  El peso es el resultado de la suma de 4 componentes del cuerpo humano: protoplasma (todo el contenido que se encuentra dentro de la célula), fluidos extracelulares, tejido adiposo y esqueleto en la proporción del 50%, 25%, 18% y 7%, respectivamente


Las 2 causa más comunes de aumento de peso son el aumento de tejido adiposo y el de líquido extracelular.  En el primer caso existe aumento de la densidad del cuerpo y ahorro de nitrógeno, potasio, fosforo, agua y electrolitos; que clínicamente se aprecia un aumento de grosor de los pliegues cutáneos y del perímetro del abdomen, los brazos y los muslos.  El aumento de líquido extracelular, si abarca el espacio entre células como la luz de los vasos sanguíneos, da lugar a edema (hinchazón causada por líquidos en los tejidos del cuerpo) y aumento de la presión venosa; si solo abarca el espacio entre células, solo producirá edema sin aumento de la presión venosa.  Algunas causas de obesidad son conocidas: ciertos tipos de trastornos emocionales, influencias sociales, desproporción paralela de lo que se consume frente a disminución de actividades físicas a realizar (tendencia al sedentarismo), síndrome de Cushing, lesiones del centro hipotalámico de la saciedad y factores genéticos, etc.

Caquexia
La perdida de peso a menudo es indicativo de una enfermedad:

  • Cuando el apetito esta aumentado debemos pensar en diabetes o hipertiroidismo.
  • Cuando existe la ausencia de apetito tenemos que tener en cuenta la depresión psíquica, enfermedades hepáticas, cáncer, insuficiencia de las glándulas suprarrenales o hipofisiaria, elevación de urea y desechos nitrogenados que debe expulsar el riñón, intoxicaciones, anorexia nerviosa, etc.



Edema


El aumento de peso puede ser debido a: 
  • Obesidad: La cual resulta del desequilibrio positivo entre la ingestión de alimento y el consumo energético (actividades cotidianas, ejercicios, etc.).
  • En el caso del edema, debemos tener presente: insuficiencia cardiaca, insuficiencia hepática crónica, enfermedades renales, edema de origen desconocido, enfermedades gastrointestinales con pérdida de proteínas, desnutrición avanzada, trastornos locales de circulación venosa y linfática, etc.

Ante cualquier duda, visite a su médico de confianza, quién podrá aclararle todas sus incógnitas.




viernes, 11 de enero de 2013

Teniasis intestinal y cisticercosis


Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 3 No. 63 y 64 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, viernes 11 y 18 de enero de 2013.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G.

La teniasis es una infestación intestinal causada por la forma adulta de grandes tenias, y la cisticercosis es una infestación de los tejidos producida por la forma larvaria de una especie, Taenia solium.
Cisticercosis bovina
Las tenias o solitarias (llamadas así por que generalmente se encuentra una sola) ya eran conocidas desde la civilización egipcia, pues fue consignada en el papiro de Ebers (1550 a.C.).  En 1762, Goeze identificó a T. saginata y la diferenció de T. solium.  En 1852 Kuchenmaister infectó voluntarios humanos con Cysticercus cellulosae para obtener el adulto de T. solium.  La cisticercosis (o cisticerciasis) es conocida desde hace tiempo; Moisés dictó leyes sanitarias para protegerse contra la carne de animal infestada con piedra (cisticercos), mediante la prohibición de su consumo.  Los griegos Aristófanes y Aristóteles, describieron la cisticercosis de la lengua del cerdo como semejante al granizo.  Gessner (1558) y Rumler (1588) dieron a conocer la presencia del cisticerco en el hombre.  Kuchenmeister (1855) y Leuckart (1856) estudiaron el ciclo biológico, demostrando que la forma vesicular que se encuentra en los tejidos del cerdo al ser ingerido por el hombre, da lugar al parasito adulto en su tubo digestivo.
Taenia solium
Es producida por la Taenia solium, tenia de la carne de cerdo, causa infestación intestinal en su forma adultas y en los tejidos por medio de sus larvas (cisticerco).  Taenia saginata, la tenia de la carne de res, causa sólo infestación intestinal por el gusano adulto.  La T. solium puede medir de 2 a 4 metros, mientras que la T. saginata de 5 a 7 metros.
Su distribución es mundial, siendo frecuente en los lugares que la carne de res o de cerdo se ingiere cruda o insuficientemente cocida, y en los que las condiciones sanitarias permiten a los cerdos y a las reces tener acceso a las heces humanas.
Los seres humanos son los hospederos definitivos de ambas especies; el ganado bovino es hospedero intermediario de T. saginata y el cerdo de T. solium.
Ciclo de Infestación
Una persona infestada expulsa los huevos de T. saginata, infesta sólo al ganado bovino que en sus tejidos musculares se transforma en quiste; el humano al consumir dicha carne, consume los cisticercos que en los intestino, las larvas se transforman en tenia adulta, que se adhiere a la mucosa del yeyuno.  Relativo a T. solium su infestación se produce cuando una persona consume carne de cerdo contaminada, con el desarrollo posterior del gusano adulto en el intestino.  Sin embargo, la cisticercosis humana puede producirse por la transferencia directa de los huevos de T. solium de las heces de una persona que alberga tenias adultas, a su propia boca o a la de otra persona, o de forma indirecta, por la ingestión de agua o alimentos contaminados por huevos (del parasito).  Cuando las personas o los cerdos ingieren huevos de T. solium, el embrión sale del huevo, penetra la pared intestinal, pasa a los vasos linfáticos o sanguíneos y es transportado a diversos tejidos en los cuales se desarrolla hasta producir la cisticercosis.
En las teniasis el cuadro clínico es poco característico y de poca gravedad, en general 2 a 3 meses después de la ingestión de los cisticercos aparecen síntomas variables de distinta intensidad entre las personas infestadas, pero habitualmente no se presenta sintomatología.  Entre los síntomas generales se puede presentar aumento del apetito, pero con mayor frecuencia anorexia y bajo peso, diarrea, dolor en parte alta y media del abdomen, sensación de hambre, prurito anal y la observación de los segmentos inferiores del parasito (proglótidos) al evacuar. 
En el caso de la cisticercosis los síntomas dependerán del área de localización:
Tres Áreas de Localización de la Cisticercosis
  1. Mucosas: Predomina en boca y debajo de la lengua, donde la molestia se limita a un simple levantamiento.
  2. Tejido subcutáneo (debajo de la piel): Sólo se detecta un nódulo no doloroso móvil.
  3. Muscular: Asintomáticos o con ligeras alteraciones dolorosas por compresión de terminaciones nerviosas, detectados ocasionalmente por estudios radiológicos cuando están calcificados.
  4. Ocular: Cuando se encuentra en la cámara anterior del ojo puede observarse fácilmente, más no en la cámara posterior.  Mientras está vivo ocasiona pocos problemas a diferencia de cuando muere, ya que produce una fuerte inflamación que puede requerir la enucleación del ojo (extirpación total del globo ocular).
  5. Sistema nervioso central: Si se aloja en el tejido cerebral puede afectar nervios craneales por mecanismos compresivos, pero si la larva muere se presentan alteraciones inflamatorias y alérgicas con inflamación de los vasos y meningitis basal crónica que frecuentemente causa la muerte.  En caso que interfiera con el flujo cefalorraquídeo puede producir hipertensión intracraneal cuyos síntomas característicos son dolor de cabeza, alteraciones de la visión, vómitos, cuadros convulsivos, perturbaciones psiquiátricas etc.

El diagnóstico se realiza por la identificación de los proglótidos (segmentos), los huevos o los antígenos del gusano en las heces.  La diferenciación de especies de taenia es importantísima pues la solium tendrá un pronóstico más severo, ya que existe la probabilidad de autoinfección y desarrollo de la cisticercosis.  Los cisticercos subcutáneos luego de su extirpación pueden ser diagnosticados con facilidad.  La cisticercosis intracerebral  y de otros tejidos pueden diagnosticarse con la tomografía axial computarizada o resonancia magnética, por radiografía cuando se calcifican los cisticercos.  Los estudios en suero deben confirmar el diagnóstico clínico.
Entre las medidas preventivas tenemos:
  1. Educar a la población para evitar la contaminación fecal de la tierra, el agua y los alimentos destinados  a la población y a los animales; evitar el uso de aguas servidas para irrigar los pastizales, y cocer completamente la carne de cerdo y de res.
  2. La identificación y el inmediato tratamiento para las personas que albergan las formas adultas de T. solium para evitar la cisticercosis humana, con el fin de proteger al mismo paciente y a sus contactos.
  3. El congelamiento de la carne de cerdo o de res a temperaturas menores de 5 °C durante 4 días destruye eficazmente los cisticercos.
  4. Impedir el acceso de los cerdos a las letrinas y a las heces humanas.


Respecto al control del paciente, los contactos y del medio ambiente, tenemos:
  1. Notificar a la autoridad de salud local
  2. Eliminación sanitarias de las heces, insistir en las medidas estrictas de sanidad y lavado minucioso de manos después de defecar y antes de comer.
  3. Evaluar los contactos con síntomas.
  4. Aplicar el tratamiento específico y de ser necesario a nivel hospitalario sobre todo en la cisticercosis del sistema nervioso.




viernes, 4 de enero de 2013

Lavado de manos

Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 3 No. 62 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, viernes 4 de 2013.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G.

Ignaz Semmelweis
El concepto de lavado de manos con un agente antiséptico surgió a principios del siglo XIX.  En 1822 un farmacéutico francés demostró que las soluciones que contenían cloruro de cal o de sosa suprimían los malos olores asociados a los cadáveres humanos y que tales soluciones se podían usar como desinfectantes y antisépticos. En 1846, Ignaz Semmelweis observó que las mujeres que eran asistidas en el parto por estudiantes o médicos en la primera clínica en el hospital general de Viena tenían, siempre, una tasa más alta de mortalidad que aquéllas que parían ayudadas por matronas en la segunda clínica.  En pocos científicos se cumplen tan exactamente como en Semmelweis las condiciones que Thomas Kuhn observó en los cambios de paradigma en la historia de la ciencia. Cuando el obstetra húngaro estudiaba en las pacientes y en la sala de autopsia la fiebre puerperal, abandonó todas las teorías dominantes en su tiempo para explicar esta frecuente patología; analizómeticulosamente desde diversos aspectos el objeto de sus estudios; estableció una hipótesis diferente a todas las establecidas hasta entonces; modificó el viejo paradigma de conducta por  otro nuevo; y por último, analizó los resultados después del cambio de paradigma. Abandonó todas las teorías especulativas que se establecían como canónicas en su tiempo: los “miasmas” o condición venenosa del aire; las influencias misteriosas del  cambio climático; o la retención de fluidos puerperales perniciosos.  Al mismo tiempo que realizaba sus estudios epidemiológicos,  Semmelweis asistía compulsivamente a todas las autopsias de las mujeres muertas de fiebre puerperal bajo la dirección del famoso patólogo Rokitansky, y allí, compartía los estudios patológicos con uno de sus mejores amigos, el Profesor Jakob Kolletschka. Uno de los estudiantes hiere un día con un bisturí la mano de Kolletschka, y pocos días después, este muere de una infección generalizada.  En la autopsia de Kolletschka, Semmelweis observa los mismos cambios patológicos, propios de la sepsis sistémica, que había observado cientos de veces en las mujeres muertas por fiebre puerperal. Algo tenían los cadáveres que ocasionaba esta patología al que se contaminara con ello. Los estudiantes trabajaban a primera hora de la mañana en la sala de autopsia y después atendían a las parturientas llevando en sus manos el agente nocivo. Las comadronas solo trabajaban en las salas de parto, por eso sus pacientes tenían tan poca mortandad por infección puerperal. Semmelweis comenzó el proceso de comprobación de su hipótesis haciendo que antes  del parto todos los estudiantes o personas que participaran en él, se lavaran las manos con soluciones cloradas. La incidencia de sepsis puerperal descendió dramáticamente. Uno de los maestros de Semmelweis,  de los pocos que creyeron en él y trataron sin éxito de extender por Europa la teoría de la asepsia, el Profesor Skoda, analiza meticulosamente año por año la incidencia de muerte por fiebre puerperal en la unidad obstétrica donde trabaja Semmelweis, y presenta los datos en la Sociedad Médica de Viena.  Pero nadie les cree, ni en Viena, ni en Paris, ni en Londres, donde es posible que Lister, aún muy joven, tomara buena nota de aquellas teorías vienesas de la transmisión de enfermedades por las manos de los médicos.  Joseph Lister, así como a Semmelweis puede considerársele el padre de la asepsia, fundamentalmente como el introductor de la técnica de lavado de manos en la prevención de infecciones nosocomiales, a Lister se debe el tributo de haber introducido en la práctica médica la eliminación de la microbiota  transitoria de la piel por medio del uso de agentes antisépticos, que hoy día, en la forma de geles no acuosos con contenido alcohólico, suponen una alternativa de similar o mayor eficacia que el lavado de manos.  
Joseph Lister
Lister estuvo obsesionado con la infección durante toda su vida, pues era la causa de la alta mortalidad que conllevaban los procedimientos quirúrgicos.  Sabedor de que el ácido carbólico había sido utilizado para tratar las “aguas negras” y determinados parásitos en el ganado decidió probar esta sustancia.  Realizó su primera experiencia clínica el 12 de agosto de 1865. Un muchacho de 11 años James Greenles, había sido atropellado por  un carro de caballos y sufría una fractura abierta de su pierna izquierda, que en aquellos tiempos suponía un riesgo de amputación altísimo. Lister envolvió la pierna en un lienzo de lino que posteriormente impregnó con ácido carbólico; después, estabilizó el miembro con una férula. Cambió el apósito cada cuatro días y mantuvo este tratamiento durante seis semanas. La herida y el hueso curaron sin signos deinfección alguna. Esta experiencia la utilizó con éxito en otros casos incluidos abscesos drenados y heridas de muñones de amputación. Entonces desarrolló un aparato para aplicar el ácido carbólico en forma de spray.   Con el tiempo Lister no solo usó la desinfección para las heridas quirúrgicas sino para los instrumentos quirúrgicos y la desinfección de las manos de los participantes en el equipo quirúrgico. Fue tan grande su contribución a la medicina que la Historia de la Cirugía puede ser dividida en dos grandes fases, antes y después de Lister. Así el lavado de manos quedó establecido universalmente como una forma de conducta sin discusión durante las intervenciones quirúrgicas, llegando a formar parte de la llamada “coreografía quirúrgica”. 
En 1961, el servicio médico público de los Estados  Unidos de América produjo una película de entrenamiento que mostraba el uso de técnicas de lavado de manos recomendadas para los trabajadores sanitarios.  En 1975 y 1985, el “Centers for Disease Control” (CDC, Atlanta, EE. UU.) publicó pautas escritas sobre la práctica del LM en hospitales.   En 1988 y 1995, la Asociación de Profesionales para el Control de la Infección (APIC) publicó unas pautas para la antisepsia y el lavado de manos.  En 1995 y 1996, el Comité Consultivo sobre Prácticas de Control de la Infección en Sanidad (Healthcare Infection Control Practices  Advisory Committee, HICPAC, EE. UU.), recomendó el uso de un jabón antimicrobiano o un agente antiséptico en seco para el LM a la salida de las habitaciones de los pacientes infectados por patógenos multirresistentes (enterococo resistente a vancomicina –ERV- o Staphylococcus aureus resistente a meticilina –SARM-).  
La práctica del lavado de manos con jabón encabeza la agenda internacional de higiene el 15 de octubre, con la celebración del Día Mundial del Lavado de Manos. Desde sus inicios en el 2008, año que fue designado el Año Internacional del Saneamiento por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Día Mundial del Lavado de Manos ha estado reforzando el llamado de extender mejores prácticas de higiene en todo el mundo.
Se debe realizar una campaña constante con el objetivo de sensibilizar sobre la importancia de lavarse las manos con agua y jabón, lo cual representa una de las intervenciones de salud más eficaces y económicas que existen y que nos ayuda a prevenir las enfermedades.
La higiene de manos, es una acción muy simple, sigue siendo la medida primordial para reducir la incidencia y la propagación de los microrganismos resistentes a los antimicrobianos, lo que mejora la seguridad del paciente en todos los ámbitos. Sin embargo, el cumplimiento de  las normas de lavado de manos es muy escaso en todo el mundo (entre el 5% y el 80%), por lo que los gobiernos deberían velar por que el fomento de dicha higiene, reciba la atención y los fondos suficientes para que resulte eficaz. 
La falta de medidas de control de las infecciones favorece la propagación de los microrganismos patógenos, que puede ser especialmente importante en los brotes epidémicos, y los establecimientos sanitarios actúan a veces como multiplicadores de la enfermedad, lo cual repercute en la salud tanto hospitalaria como comunitaria. Nunca debemos olvidar que la higiene de manos salva vidas. 
  • El lavado frecuente de manos con agua y jabón previene enfermedades respiratorias y diarreicas (cólera, influenza, etc.), así como la hepatitis A.  
  • Se debe lavar las manos con jabón y agua que haya sido purificada (hervida o clorada) en los siguientes momentos críticos:

Después de toser o estornudar.
Después de usar el baño.
Antes de preparar alimentos.
Antes y después de comer.
Antes de preparar y dar el biberón.
Después de estar contacto con enfermos o con sus pertenencias.
Después de cambiar pañales.
Inmediatamente después de participar en actividades de limpieza por la inundación.
Después de tocar artículos contaminados con aguas de la inundación o aguas del alcantarillado.
  • Si no tiene agua y jabón, desinfecte sus manos con gel alcoholado, cenizas o limón.


Técnica de higiene de las manos
  1. Aplicar una dosis de producto, extenderlo por toda la superficie de las manos y friccionarlas hasta que queden secas.
  2. Cuando se laven las manos con agua y jabón, mojarlas con agua y aplicar la cantidad de producto necesaria para extenderlo por toda la superficie de las mismas. Frotarse enérgicamente ambas palmas con movimientos rotatorios y entrelazar los dedos para cubrir toda la superficie. Enjuagarse las manos con agua y secarlas completamente con una toalla desechable. Siempre que sea posible, utilizar agua corriente limpia. Utilizar la toalla para cerrar el grifo.
  3. Asegurarse de que las manos estén secas. Utilizar un método que no las contamine de nuevo. Cerciorarse de que las toallas no se utilicen varias veces o por varias personas. No emplear agua caliente porque la exposición repetida a ella eleva el riesgo de dermatitis.
  4. Para el lavado de las manos con agua y un jabón no antimicrobiano pueden emplearse jabones simples líquidos, en pastilla, en hojas o en polvo. Las pastillas de jabón deben ser pequeñas y colocarse sobre rejillas que faciliten el drenaje.