sábado, 14 de abril de 2012

Tabaquismo (II parte)


Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 2 No. 24 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, sábado 14 de abril de 2012.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G.



El consumo de tabaco es uno de los principales factores de riesgo de varias enfermedades crónicas, a pesar de ello, su consumo está muy extendido en todo el mundo.  Varios países disponen de leyes que restringen la publicidad del tabaco, regulan quién puede comprar y consumir productos del tabaco, y dónde se puede fumar; sin embargo, se consume habitualmente en todo el mundo debido a que se vende a bajo precio, se comercializa de forma agresiva, no se toma conciencia sobre los peligros que entraña y las políticas públicas contra su consumo son incoherentes.
La mayoría de los peligros del tabaco no se evidencian en la salud del fumador hasta años o incluso décadas después de iniciarse el consumo.  Es por ello que, mientras éste aumenta en todo el mundo, la epidemia de enfermedades y muertes conexas (que está enlazada o relacionada con otra) aún no ha alcanzado su punto álgido.
Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo de tabaco mata a más de 5 millones de personas al año (una muerte cada seis segundos) y es responsable de la muerte de 1 de cada 10 adultos.  Entre los cinco principales factores de riesgo de mortalidad, es la causa de muerte más prevenible.  El 11% de las muertes por cardiopatía isquémica, la principal causa mundial de muerte, son atribuibles al consumo de tabaco.  Más del 70% de las muertes por cáncer de pulmón, bronquios y tráquea son atribuibles al consumo de tabaco.  El consumo de tabaco es un factor de riesgo para seis de las ocho principales causas de defunción en el mundo.  Si se mantienen las tendencias actuales, el consumo de tabaco matará a más de 8 millones de personas al año en 2030.  La mitad de los más de 1000 millones de fumadores morirán prematuramente de una enfermedad relacionada con el tabaco.  El 63% de todas las muertes son causadas por enfermedades no transmisibles, para lo cual el consumo de tabaco es el mayor factor de riesgo, después de la presión arterial alta.
El tabaco y la pobreza están indisolublemente ligados.  Numerosos estudios han revelado que en los hogares más pobres de algunos países de bajos ingresos los productos del tabaco representan hasta un 10% de los gastos familiares.  El 80% de las defunciones ocurren en el mundo en desarrollo.  El tabaco es la principal causa evitable de muerte en el mundo y la mayor parte de estas muertes ocurren en países de ingresos bajos y medianos.  Es el único producto de consumo legal que mata entre un tercio y la mitad de sus consumidores, cuando es usado como lo indican sus fabricantes. Estas muertes prematuras acortan la vida, en promedio, en unos 15 años.
De los cerca de 1.800 millones de jóvenes (10 a 24 años) del mundo, 85 % de ellos viven en países en desarrollo.  Al haber sobrevivido al vulnerable periodo de la niñez, suelen estar generalmente sanos.
En todo el mundo, la mayoría de las personas comienzan a fumar antes de los 18 años de edad.  La cuarta parte de este grupo comienza a fumar antes de los 10 años.  Cuanto menor es la edad en la se prueba el tabaco por primera vez, más probable es que la persona se transforme en un consumidor regular, y menos probable que pueda dejar el consumo.


sábado, 7 de abril de 2012

Tabaquismo (I parte)


Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 2 No. 23 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, sábado 7 de abril de 2012.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G.


Jean Nicot
Se denominan productos del tabaco los que están hechos total o parcialmente con tabaco, sean para fumar, chupar, masticar o esnifar (aspirar por la nariz cocaína u otra droga en polvo).  Todos contienen nicotina, un ingrediente psicoactivo (dicho de una sustancia que actúa sobre el sistema nervioso, alterando las funciones psíquicas) muy adictivo (dicho especialmente de una droga que, empleada de forma repetida, crea necesidad y hábito).
El tabaco es un producto originario de la agricultura del continente americano procesado a partir de las hojas de varias plantas del género Nicotiana tabacum.  El género Nicotiana abarca más de 50 especies.  La especie N. tabacum, se puede clasificar en cuatro variedades: havanesis, brasilensis, virgínica y purpúrea, que son el origen de las distintas variedades usadas en la comercialización.  Según observó Cristóbal Colón, los indígenas del Caribe fumaban el tabaco valiéndose de una caña en forma de pipa llamada tobago, de donde deriva el nombre de la planta.  Al parecer le atribuían propiedades medicinales y lo usaban en sus ceremonias.  En 1510, Francisco Hernández de Toledo llevó la semilla a España, cincuenta años después lo introdujo en Francia el diplomático Jean Nicot, al que la planta debe el nombre genérico (Nicotiana).  En 1585 lo llevó a Inglaterra el navegante Sir Francis Drake; el explorador inglés Walter Raleigh inició en la corte Isabelina la costumbre de fumar el tabaco en pipa.  El nuevo producto se difundió rápidamente por Europa y Rusia, y en el siglo XVII llegó a China, Japón y la costa occidental de África.
España monopolizó el comercio del tabaco, para lo cual estableció en 1634 el estanco (embargo o prohibición del curso y venta libre de algunas cosas, o asiento que se hace para reservar exclusivamente las ventas de mercancías o géneros, fijando los precios a que se hayan de vender) de este producto para Castilla y León, régimen que en 1707 se amplió a todos los territorios de la corona, acompañado de la prohibición de cultivar la planta en la península para facilitar el control aduanero.  La extensión del estanco a Cuba, donde tenía lugar gran parte de la producción, provocó numerosas revueltas y, en 1735, España cedió la explotación a la Compañía de La Habana.  La América colonial anglófona (que tiene el inglés como lengua nativa) se convirtió en el primer productor mundial de tabaco; el cultivo se inició en el asentamiento de Jamestown, donde ya en 1615 la planta crecía en jardines, campos y hasta en las calles; en poco tiempo se convirtió en el producto agrícola básico y en el principal medio de cambio de la colonia.  En 1776, el cultivo se extendió hacia Carolina del Norte y llegó por el oeste hasta Missouri.  Hacia 1864, un agricultor de Ohio obtuvo por casualidad una cepa deficiente en clorofila que recibió el nombre de Burley Blanco y acabó por convertirse en el ingrediente principal de las mezcla de picadura (tabaco picado para fumar) americana, sobre todo a partir de la invención en 1881 de la máquina de elaborar cigarrillos.



sábado, 31 de marzo de 2012

Síndrome metabólico (III parte)


Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 2 No. 22 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, sábado 31 de marzo de 2012.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G.


Los pacientes con síndrome metabólico no sienten ningún síntoma. Pero hay signos que pueden indicar a los médicos un diagnóstico de este síndrome.  Los médicos buscarán una conjunción de los siguientes factores:
  1. Obesidad central, es decir, un exceso de grasa en la zona abdominal.  En la mujer cifras iguales y mayores a 88 centímetros y en el hombre, 102 centímetros en adelante, se consideran medidas que aportan puntuación al síndrome metabólico.
  2. Dificultad para digerir un tipo de azúcar denominado "glucosa" (intolerancia a la glucosa).  Los pacientes con síndrome metabólico generalmente tienen hiperinsulinemia o diabetes tipo 2. Tanto en hombres y mujeres la cifras igual y mayor a 110 mg/dl adicionan puntuación a este  síndrome.
  3. Niveles elevados de triglicéridos en la sangre.  En ambos sexos, cifras iguales y mayores a 150 mg/dl dan puntuación a este síndrome.
  4. Niveles bajos de lipoproteínas de alta densidad (HDL o "colesterol bueno") en la sangre.  En las mujeres cifras iguales y menores de 50 mg/dl, mientras que los hombres, iguales y menores a 40 mg/dl son consideradas en la puntuación del síndrome metabólico.
  5. Presión arterial alta (hipertensión arterial). Ambos sexos cumplen con dicho requisito si tienen cifras iguales y mayores de 135/85 milímetros de mercurio.  En este último punto hay que aclarar que sí alguna de las dos o las dos, la sistólica o la diastólica, igual o mayor a los parámetros establecidos, cumple con el requisito de puntuación para el síndrome metabólico.

A nivel de atención primaria, nos basta que el paciente cumpla con tres o más de los cinco parámetros para clasificarlo como síndrome metabólico.
El tratamiento del síndrome metabólico consiste en tratar las otras enfermedades subyacentes (de fondo o que le dan puntuación).  Por consiguiente, si el paciente tiene diabetes, hiperinsulinemia, niveles elevados de colesterol o presión arterial alta; debe estar bajo el cuidado de un médico y recibiendo el tratamiento adecuado.  Hacer ejercicio y adelgazar también son medidas útiles para mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la presión arterial y los niveles de colesterol.  En algunos casos pueden administrarse medicamentos para tratar el síndrome metabólico, pero el médico recomendará cambios en el estilo de vida, tal como seguir una alimentación sana, evitar los dulces y golosinas, dejar de fumar y reducir el consumo de bebidas alcohólicas.
Este síndrome se puede evitar si actuamos temprano.  Lo que es un motivo de felicidad para padres, abuelos y tíos al ver un niño “gordo”, pues según ellos, es un niño sano; es motivo de tristeza para su organismo, que desde ya está llevando una pesada carga de desgaste hacia el futuro.  Ese niño pasara por las diferentes etapas de crecimiento y desarrollo, y hasta en su vida adulta persistirá con malos hábitos nutricionales, vida sedentaria y probablemente algún vicio que atente contra su salud, y que a la postre desencadene un funesto desenlace, que lo más seguro, no lo hubiese deseado.  Afortunadamente en nuestros centros de salud existe el recurso humano para orientar a nuestra población a llevar un adecuado estilo de vida saludable (técnicos en salud, auxiliares de enfermería, enfermera(os), psicóloga(os), nutricionistas y médicos).  Porque su salud lo vale, nos preocupamos por ella.


sábado, 24 de marzo de 2012

Síndrome metabólico (II parte)


Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 2 No. 21 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, sábado 24 de marzo de 2012.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G.


Retomando lo expuesto en la parte anterior, podemos  acotar, que a lo largo de los años se ha ido añadiendo más componentes a la definición de este síndrome, hasta que en 1998, un grupo consultor de la OMS (Organización Mundial de la Salud) propuso que se denominara Síndrome Metabólico (SM) y sugirió una definición de trabajo que sería la primera definición unificada del mismo.
El síndrome metabólico lo presenta una de cada cinco personas en los Estados Unidos. Y este síndrome se presenta en familias con antecedentes y es más común entre las personas afroamericanas, hispanas, asiáticas e indígenas americanas. En todos los grupos, la posibilidad de que ocurra el síndrome aumenta a medida que la gente envejece.  En nuestro país ni en nuestra provincia tenemos estadísticas fiables de este síndrome; pero existen datos de algunos de sus componentes para nuestra provincia.  En el año 2009, en el grupo etario de 20 a 59 años, se reportaron 2260 obesos no especificados, mientras que para el grupo de 60 años y más en el 2008 se registraron 857 casos.  Este mismo grupo en el año 2008 se reportaron 816 casos de diabetes, y para el año 2009, 1874 de hipertensión esencial. 
La causa exacta del síndrome metabólico no se conoce, pero entre los factores que contribuyen a que se presente esa condición la genética, el exceso de grasa (especialmente alrededor de la cintura) y la falta de ejercicio.  Los pacientes con síndrome metabólico tienen un mayor riesgo de sufrir un ataque cardíaco o una enfermedad arterial coronaria (arterias que suministran sangre al corazón).  Los investigadores creen que el síndrome metabólico es una enfermedad genética, es decir, que se transmite en los genes de una familia, de una generación a la siguiente.  En las personas que padecen de enfermedades que se caracterizan por la resistencia a la insulina, tales como la diabetes y la hiperinsulinemia, son mayores las probabilidades de tener síndrome metabólico. La diabetes es una enfermedad en la que el organismo no puede producir ni responder bien a la hormona insulina. La hiperinsulinemia es una enfermedad en la que se bombean grandes cantidades de insulina a la corriente sanguínea. Normalmente, el páncreas libera insulina cuando uno come ciertos alimentos. La insulina es una hormona que ayuda a las células del organismo a aceptar el azúcar (glucosa) que les da energía.  Si las células se vuelven resistentes a la insulina, se necesita más insulina para que la glucosa penetre en las células. Por consiguiente, el organismo produce más insulina, la cual es bombeada a la corriente sanguínea.  Cuando hay mucha insulina en la corriente sanguínea se aumenta el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, porque la insulina: Eleva los niveles de triglicéridos, reduce los niveles de lipoproteínas de alta densidad (HDL o "colesterol bueno"), eleva los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL o "colesterol malo"), hace más difícil que el organismo elimine las grasas de la sangre después de comer, eleva la presión arterial, aumenta la capacidad de coagulación de la sangre, etc.



sábado, 17 de marzo de 2012

Síndrome metabólico (I parte)


Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 2 No. 20 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, sábado 17 de marzo de 2012.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G. 


Gerald Reaven
Se denomina Síndrome Metabólico (también conocido como Síndrome X, Síndrome Plurimetabólico, Síndrome de Insulinorresistencia o Síndrome de Reaven) a la conjunción de varias enfermedades o  factores de riesgo en un mismo individuo que aumentan su probabilidad de padecer una  enfermedad cardiovascular (trombosis, tromboembolia, infarto de miocardio, etc.) o diabetes mellitus.
Hace unos 250 años, mucho antes de que se describieran el síndrome metabólico o el síndrome de apnea obstructiva del sueño, el médico y anatomista italiano Morgagni identificó la asociación entre obesidad visceral (abdominal), hipertensión, aterosclerosis, altos niveles de ácido úrico en sangre y episodios frecuentes de obstrucción respiratoria durante el sueño.  A mediados del siglo XX, el médico francés Jean Vague fue el primero en identificar la “obesidad androide” (adiposidad en la mitad superior del cuerpo) como la afección asociada con más frecuencia a la diabetes y la enfermedad cardiovascular.  La presencia frecuentemente simultánea de obesidad, hiperlipidemia (elevación de lípidos o grasas en sangre), diabetes e hipertensión se definió en un principio con el nombre de “Síndrome Plurimetabólico” en los años 60, cuando se describió el alto riesgo de enfermedad arterial coronaria en personas con este conjunto de anormalidades metabólicas.  Para la segunda mitad de los  años 1960, Avogaro y Crepaldi describieron a seis pacientes con signos moderados de obesidad, colesterol alto y una marcada hipertrigliceridemia y estos signos mejoraron con una dieta baja en calorías y baja en carbohidratos.  En 1977, Haller empleó el término “Síndrome Metabólico” para referirse a una asociación entre obesidad, diabetes mellitus e hígado graso, describiendo además los factores de riesgo de la arteriosclerosis.  El mismo término fue usado por Singer ese año para referirse a una combinación de síntomas tales como la obesidad, bocio, diabetes mellitus y la hipertensión arterial.   En 1977-78 Gerald B. Phillips argumentó que los factores de riesgo subyacentes a un infarto de miocardio contribuyen a formar una constelación de anomalías no sólo asociados con enfermedades del corazón, sino también con la obesidad y otros factores clínicos, y que su identificación podría prevenir enfermedades cardiovasculares.  Después, en 1980, se complicaron las cosas cuando Vague sugirió que la masa adiposa por sí misma tiene un efecto sobre el progreso desde la obesidad hacia la diabetes.  Pero ahora sabemos que, de hecho, el exceso de grasa abdominal genera diabetes y aterosclerosis, y que esta obesidad central afecta a la secreción de insulina y la hormona del estrés, el cortisol.  En 1988, en su conferencia de Banting, Gerald Reaven, indicó que en un mismo individuo,  la conjunción de alteraciones de la glucosa y del metabolismo de la insulina, la obesidad, la dislipidemia y la hipertensión, constituían la forma de un síndrome, aplicándole un nombre misterioso: “Síndrome X”.  Reaven sugirió que la resistencia a la insulina, con su consecuente aumento dramático de los niveles de insulina en sangre, es el mecanismo fisiopatológico (estudio de la ciencia de las funciones en el curso de la enfermedad y de las modificaciones que sufren a causa de ésta) básico y la causa subyacente de esta conjunción, y representa, por sí misma, un importante factor de riesgo cardiovascular.  Ferranini y sus colegas siguieron esta idea, coincidieron en afirmar que dicha conjunción está causada por la insensibilidad a la insulina y, pocos años después, acuñaron el término “Síndrome de Resistencia a la Insulina”. 

sábado, 10 de marzo de 2012

Dislipidemia (IV parte)

Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 2 No. 19 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, sábado 10 de marzo de 2012.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G. 


El inicio de un tratamiento indicado, adecuado y personalizado a un paciente con dislipidemia debe iniciarse desde la primera consulta.  Tomando en cuenta que el tratamiento de las mayoría de las enfermedades están constituido por las recomendaciones médicas y la dosificación medicamentosa.  Respecto a nuestro tema las recomendaciones médicas gozan de vital importancia, pues es poco el aporte beneficioso a su salud y a su economía, la ingesta exclusiva de medicamentos, si usted no mejora su estilo de vida; a la larga las complicaciones serán casi las mismas.  Desde su primera consulta el médico elaborará su historia clínica, obtendrá sus signos vitales, realizará una exploración física, y antes de elaborar alguna receta y solicitar estudios paraclínicos (estudios de laboratorios, de radiología, electrocardiograma, etc.), él ampliará un espacio con el fin de que usted conozca su condición de salud, aclare sus dudas y lleve las recomendaciones médicas indicadas a su condición clínica.  Al recibir los resultados paraclínicos (para nuestros fines el perfil lipídico), según los resultados, tenemos la opción de iniciar el tratamiento medicamentoso de 1 a 3 meses con el fin de darle la oportunidad al paciente que realice cambios en su estilo de vida y comprenda todo lo concerniente a su trastorno de salud.  
Dada la amplitud de situaciones que pueden llevar a padecer este trastorno metabólico, el tratamiento debe ser individualizado. Requiere siempre la participación de un equipo multidisciplinario, desde el médico general, quién capta el paciente a nivel de atención primaria; así como el médico familiar y el médico internista; en general comandado por un endocrinólogo, e integrado por nutricionistas y especialistas en los órganos afectados (cardiólogo, nefrólogo, etc.).
Más allá del valor que tienen diversos tipos de fármacos en el tratamiento de las dislipidemias, debe darse una importancia fundamental al tratamiento higiénico-dietético. Existe un consenso internacional, avalado por múltiples estudios, que demuestran que el ejercicio (30 a 60 minutos de ejercicio moderado 4 a 6 veces por semana), aumenta la concentración de HDL y disminuye la de LDL. El tratamiento de la hipertensión arterial para disminuir otro factor de riesgo, es necesario. El abandono del tabaquismo, además de eliminar un factor de riesgo independiente, también conlleva una mejora en las concentraciones plasmáticas de lípidos. Y, por supuesto, que una dieta baja en colesterol, lípidos saturados y grasas trans (grasas de origen vegetal o marino que industrialmente se hidrogenan parcial o totalmente con el fin de darles una estabilidad sólida y adquieren conducta de grasa saturada en el organismo elevando el colesterol total y las LDL); menos del 7% de las calorías diarias es la base de todo tratamiento.  Es necesario aumentar el consumo de verduras y frutas.
Cuando todo ello no es suficiente, o el riesgo lo amerita a juicio del médico tratante, existe un variado arsenal farmacológico, del cual se seleccionarán los fármacos más apropiados para cada caso particular, puesto que existen diferentes mecanismos de acción y diferentes grados de efectividad para cada tipo de dislipidemia.
Es importante destacar que algunas asociaciones de drogas tienen efectos que pueden ser nocivos para la salud (insuficiencia hepática, alteraciones musculares graves, etc.), por lo que estos medicamentos, aún en los países donde se comercializan libremente, no deberían ser usados sin asesoramiento médico.
Usted tiene en sus manos la decisión, la salud es invaluable; visite su médico de confianza que es la persona idónea para cuidar su salud.
 

sábado, 3 de marzo de 2012

Dislipidemia (III parte)

Artículo publicado en el periódico El Informe de David Vol. 2 No. 18 - Edición impresa.
Panamá-Chiriquí, sábado 3 de marzo de 2012.
http://www.elinformedavid.com/
Por: Dr. Danilo Antonio Castillo G. 

Existen otras lipoproteínas que no son incluidas dentro del perfil lipídico pero de vital importancia en el metabolismo de las grasas: Los quilomicrones, que son grandes partículas esféricas que transportan los triglicéridos de la dieta provenientes de la absorción intestinal en la sangre hacia los tejidos; y las lipoproteínas de densidad intermedia mejor conocida como IDL, por sus siglas en inglés, es un complejo lipoproteico con una densidad entre la de las VLDL y las LDL.  El producto tiene una vida media relativamente corta y está normalmente en la sangre en concentraciones muy bajas. En un estado hiperlipoproteinémico de tipo III, la concentración de IDL en sangre está elevada.
Como mencione, en parte anterior de este tema, muchas personas pueden estar completamente sin síntomas, es decir no dar ninguna manifestación clínica y diagnosticarse durante un estudio del nivel de lípidos en sangre (perfil lipídico). El mismo puede solicitarse como screening (búsqueda) en un paciente con factores de riesgo tales como: Sobrepeso, obesidad, pacientes con hipertensión arterial, fumadores, diabéticos; pacientes con arterioesclerosis prematura, ya sea infartos de miocardio, accidentes vasculares cerebrales (conocidos popularmente como derrame), aneurisma de aorta (bolsa que se forma por la dilatación o rotura de las paredes, en este caso arteria, y llena de sangre circulante), obstrucción de las arterias de miembros inferiores; antecedentes familiares de dislipidemia, o arterioesclerosis precoz (de aparición muy temprana).
La presencia de xantelasmas (pequeños bultos de grasa en la cara), o de xantomas (bultos de grasa en sitios como codos, tendón de Aquiles, rodillas), debe hacer sospechar al clínico la presencia de trastornos lipídicos.
En todos los casos deben investigarse causas secundarias (que pueden encontrarse la causa que las produce) de dislipidemia, ya que el adecuado manejo de las mismas resulta un prerrequisito antes de establecer en forma definitiva el nivel objetivo de LDL-colesterol que se desea alcanzar con el tratamiento según la categoría de riesgo cardiovascular (posibilidad de sufrir un evento perjudicial en algún lugar del árbol vascular en especial corazón y cerebro en un período de 10 años).
Las situaciones a investigar son: Diabetes, hipotiroidismo (actividad deficiente de la glándula tiroides y efectos consecuentes de su disfunción), insuficiencia renal crónica (fase funcional del riñón que no es capaz de mantener la integridad del medio interno del organismo), síndrome nefrótico (conjunto de enfermedades renales que tienen en común la afectación del glomérulo, que motivan la perdida de abundante proteínas por la orina), enfermedad hepática obstructiva, fármacos que aumentan las LDL y disminuyen las HDL: progestágenos, esteroides anabólicos, corticoides, diuréticos, etc.
Fármacos como corticoides, diuréticos, y betabloqueantes (ej. propanolol), pueden descender el HDL y elevar los TGL.
Actualmente se prefiere clasificarlas de acuerdo con las alteraciones detectadas, pudiéndose encontrar:
  1. Hipercolesterolemia aislada, en la cual hay aumento del colesterol total, y LDL.
  2. Hipertrigliceridemia aislada, con elevación de los triglicéridos, pudiéndose asociar HDL descendido.
  3. Dislipidemia mixta (hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia).

También pueden asociarse causas primarias o genéticas a causas secundarias.
Los valores aceptados como normales del perfil lipídico son los siguientes: Colesterol total debe ser menor de 200 mg/dl, triglicéridos menor de 150 normal mg/dl, LDL-colesterol menor de 100 mg/dl y HDL-colesterol considerándose en mujeres mayor de 50 mg/dl, mientras que en el hombre mayor de 40 mg/ml.